La muerte: es el final de cada ser viviente. Cuando Dios creó el mundo la muerte no existía, hasta que el pecado original entró en él y la paga de él es la misma. Morir es descansar hasta que Dios venga, claro está, si en vida hicimos su voluntad y en pecados nos arrepentimos, pero si morimos sin arrepentimiento alguno nos quedaremos allí eternamente. Dios promete levantarnos el día que venga, por eso debemos cumplir sus mandatos.
Algunos pensamos que la muerte es terrenal y todo quedará allí. Cuando morimos el espíritu se separa del cuerpo, entonces ir con nuestro padre dependerá de nuestra actitud, carácter, y mandatos cumplidos.
1 Tim. 5:6, la persona “que se entrega a los placeres, viviendo está muerta”.
Santiago. 2:26, “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”
Santiago. 5:19, “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, 20 sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”.
Romanos. 6:23, “la paga del pecado es la muerte”.
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